Mitos del vino
Deja de “chambrear” el vino en la estufa
El calor brusco no lo tempera: lo cocina. Cómo servirlo a la temperatura justa.
Esa costumbre tan chilena de dejar la botella de vino al lado de la estufa en invierno o pegada a la parrilla en el asado merece una conversación: tu tinto no necesita "chambrearse" con fuego.
Es una práctica súper común en nuestras casas. Como existe el mito de que el tinto se toma a "temperatura ambiente", y en un invierno chileno las habitaciones son heladas, buscamos la solución rápida: acercar la botella al calor directo, meterla en agua caliente o dejarla al lado del fuego.
La única temperatura que importa es la que te haga feliz a ti.
¿El problema? El calor brusco altera el vino negativamente. En vez de temperarse, el vino se "cocina": se desbordan los vapores del alcohol, el sabor se siente plano y se queman los aromas frutales que la viña logró con tanto esfuerzo.

La alternativa para el invierno es más simple: si tu tinto está demasiado helado, sírvelo y abraza la copa con ambas manos por un par de minutos. El calor de tu propio cuerpo es el único método seguro para entibiarlo suavemente, sin romper su equilibrio y liberando los aromas de forma natural.
Los números ideales son claros: los tintos se disfrutan entre 16°C y 18°C; los blancos y rosados entre 8°C y 10°C. Para estos últimos, sácalos del refrigerador unos 20 minutos antes de servir, porque si los tomas congelados, tus papilas se duermen y no sentirás nada.

Y si en verano le quieres tirar un hielo al blanco al lado de la piscina, dale no más. El vino es para pasarlo bien, y la única temperatura que realmente importa es la que te haga feliz a ti.